martes, 26 de enero de 2010

¿AMIGOS O ENEMIGOS?

LOS DOS PUNTOS DE VISTA RESPECTO A LA SALVACIÓN.

ARMINIANISMO
Sistema teológico de Jacobo Arminio (1560–1609), eminente teólogo holandés que reaccionó contra el calvinismo más estricto a principios del siglo XVII. Al año siguiente de su muerte, sus partidarios publicaron la Remonstrans [Protesta] y desde entonces existe una Iglesia Holandesa Remonstrante. La «Protesta» de Arminio establecía cinco artículos:
(1) La salvación es para los que creen en Cristo y perseveran en sus caminos.
(2) Cristo murió por todos, aunque sólo los creyentes se apropian de los beneficios de la expiación.
(3) Los humanos necesitan la ayuda del Espíritu Santo para lograr agradar a Dios y creer en Cristo.
(4) La gracia es indispensable, pero no irresistible.
(5) Los creyentes pueden caer de la gracia y, por lo tanto, perder la salvación.
Estas doctrinas contrastan con los cinco puntos del CALVINISMO clásico.
La teología arminiana la aceptaron los LAUDIANOS (anglicanos partidarios del arzobispo Laud), los BAUTISTAS GENERALES y los BAUTISTAS DEL LIBRE ALBEDRÍO, los metodistas, la gran mayoría de los pentecostales (véanse las diferentes iglesias pentecostales) y las iglesias de santidad. Existen dudas acerca de si el anticalvinismo inglés, que recibió el nombre de arminianismo, tuvo conexiones reales con el movimiento holandés.

CALVINISMO
Sistema teológico basado en las enseñanzas de Juan Calvino. Las iglesias presbiterianas y reformadas pertenecen históricamente a esa tradición.
Los cinco puntos del calvinismo son:
(1) La total depravación de los humanos,
(2) La elección incondicional al cielo o al infierno,
(3) La expiación limitada a los elegidos,
(4) La gracia irresistible,
(5) La perseverancia final de los santos.
Los documentos históricos más conocidos del calvinismo son La Institución de la Religión Cristiana (1536), escrito por el mismo Calvino, y la Confesión de Fe de Westminster (1643), redactada por teólogos protestantes británicos y adoptada como norma de fe por las iglesias presbiterianas.
La teología de Jacobo Arminio, otro teólogo protestante, conocida como ARMINIANISMO, contradice los puntos básicos del calvinismo.

LA INERRANCIA DE LA BIBLIA


Los artículos a continuación son del Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica en cuanto a la manera en que se debe comprender el mensaje de la Biblia.

ARTÍCULOS DE AFIRMACIÓN Y DE NEGACIÓN.

ARTÍCULO I
AFIRMAMOS que la autoridad normativa de la Sagrada Escritura es la autoridad de Dios mismo, y de ella dá fe Jesucristo, el Señor de la Iglesia.
NEGAMOS la legitimidad de separar la autoridad de Cristo de la autoridad de la Escritura, o de oponer la una a la otra.

ARTICULO II
AFIRMAMOS que como Cristo es Dios y hombre en una sola Persona, del mismo modo la Escritura es, individiblemente, la Palabra de Dios en lenguaje humano.
NEGAMOS que la forma humilde y humana de la Escritura implique la posibilidad de error, como tampoco la humanidad de Cristo, aun en su humillación, implica el pecado.

ARICÓLO III
AFIRMAMOS que la Persona y obra de Jesucristo constituyen el enfoque central de la Biblia entera.
NEGAMOS que sea correcto cualquier método de interpretación que rechace u oscurezca la naturaleza Cristo-céntrica de la Escritura.

ARTICULO IV
AFIRMAMOS que el Espíritu Santo quien inspiró la Escritura, obra a través de ella hoy para producir fe en su mensaje.
NEGAMOS que el Espíritu Santo jamás enseñe a nadie algo que sea contrario a la Escritura.

ARICULQ V
AFIRMAMOS que el Espíritu Santo capacita a los creyentes para apropiar y aplicar la Escritura a sus vidas.
NEGAMOS que el hombre natural sea capaz de discernir espiritualmente el mensaje bíblico, aparte del Espíritu Santo.

ARTICULO VI
AFIRMAMOS que la Biblia expresa la verdad de Dios en oraciones preposicionales, y declaramos que la verdad bíblica es tanto objetiva como absoluta. Afirmamos además que una proposición es verdadera si representa a las cosas tal como son en realidad, pero es un error si tergiversa los hechos.
NEGAMOS que, aunque la Escritura puede hacernos sabios para la salvación, la verdad bíblica tenga que definirse en términos de esta función. Negamos además que el error deba definirse como aquello que engaña a propósito.

ARTICULO VII
AFIRMAMOS que el significado expresado en cada texto bíblico es único, definido y fijo.
NEGAMOS que el reconocimiento de este significado único elimine la variedad de su aplicación.

ARTICULO VIII
AFIRMAMOS que la Biblia contiene enseñanzas y mandatos aplicables a todas las situaciones y contextos culturales, y además contiene otros mandatos que según manifiesta la Biblia misma, se aplican solamente a situaciones particulares.
NEGAMOS que la distinción entre los mandatos universales y los particulares de la Escritura pueda determinarse por factores de cultura o de situación. Negamos, además, que los mandatos universales jamás puedan tratarse como relativos, debido a consideraciones de cultura o situación.

ARTICULO IX
AFIRMAMOS que el término "hermenéutica", que históricamente significó las reglas de la exégesis, puede con propiedad extenderse para cubrir todo aquello que está involucrado en el proceso de percibir lo que significa la revelación bíblica, y la manera en que esta afecta a nuestras vidas.
NEGAMOS que el mensaje de la Escritura se derive de, o sea impuesta por, la comprensión del intérprete. De esta forma negamos que los "horizontes" del escrito bíblico y del intérprete pudieran "fundirse" de tal manera que lo que el texto comunica al intérprete no sea controlado en última instancia por el significado expreso de la Escritura.

ARTICULO X
AFIRMAMOS que le Escritura nos comunica verbalmente la verdad de Dios a través de una amplia variedad de formas literarias.
NEGAMOS que cualquiera de los límites del lenguaje humano pueda incapacitar a la Escritura para comunicar el mensaje de Dios.

ARTICULO XI
AFIRMAMOS que las traducciones del texto de la Escritura pueden comunicar el conocimiento de Dios, traspasando todas las fronteras de tiempo y de cultura.
NEGAMOS que el significado de los textos bíblicos esté tan ligado a las culturas de las cuales surgieron, que la comprensión del mismo significado en otras culturas sea imposible.

ARTICULO XII
AFIRMAMOS que en la tarea de traducir y enseñar la Biblia en el contexto de cada cultura, se deben emplear solamente aquellos equivalentes funcionales que son fieles al contenido de la enseñanza bíblica.
NEGAMOS la legitimidad de los métodos que, o son insensibles a las exigencias de la comunicación transcultural, o distorsionan el significado bíblico en el proceso de la comunicación transcultural.

ARTICULO XIII
AFIRMAMOS que un conocimiento de las categorías literarias, tanto formales como estilísticas de las diversas partes de la Escritura, es esencial para una exégesis apropiada, y por lo tanto apreciamos la critica genérica como una de las muchas disciplinas del estudio bíblico.
NEGAMOS que las categorías genéricas que nieguen la historicidad, puedan con propiedad imponerse a las narraciones bíblicas que se presentan a sí mismas como basadas en hechos históricos.

ARTICULO XIV
AFIRMAMOS que el testimonio bíblico de eventos, discursos, y declaraciones, aunque se presenta en una variedad de formas literarias apropiadas, corresponde a los hechos históricos.
NEGAMOS que cualquier evento, discurso o declaración registrados en la Escritura, fuera invención de los escritores bíblicos o de las tradiciones que ellos incorporaron.

ARTICULO XV
AFIRMAMOS la necesidad de interpretar la Biblia según su literal, o normal, sentido. El sentido literal es el sentido gramático-histórico, a saber, el sentido que el escritor expresó. La interpretación según el sentido literal, tomará en cuenta todas las metáforas y formas literarias que se encuentren en el texto.
NEGAMOS la legitimidad de cualquier interpretación de la Escritura que le atribuya un significado que carezca del apoyo del sentido literal,

ARTICULO XVI
AFIRMAMOS que se debe hacer uso de técnicas críticas legítimas para determinar el texto canónico y su significado.
NEGAMOS la legitimidad de permitir que cualquier método de crítica bíblica cuestione la veracidad o la integridad del significado expresado por el escritor, o de cualquier otra enseñanza bíblica.

ARTICULO XVII
AFIRMAMOS la unidad, la armonía y la coherencia de la Escritura, y declárales que es ella misma su mejor intérprete.
NEGAMOS que la Escritura pueda interpretarse de tal manera que dé a entender que un pasaje corrige o se opone a otro. Negamos que los escritores posteriores de la Escritura interpretaran mal a los pasajes más antiguos de la Escritura cuando los citaban o se referían a ellos.

ARTICULO XVIII
AFIRMAMOS que la interpretación que la Biblia hace de sí misma es siempre correcta, que nunca se desvía de, sino que más bien aclara, el significado único del texto inspirado. El significado de las palabras de un profeta incluye, pero no se limita a la comprensión de dichas palabras por parte del profeta; y necesariamente involucra la intención de Dios, que se evidencia en el cumplimiento de aquellas palabras.
NEGAMOS que los escritores de la Escritura siempre emprendieran todas las implicaciones de sus propias palabras.

ARTICULO XIX
AFIRMAMOS qua cualquier pre-comprensión que el intérprete traiga a la Escritura debe estar de acuerdo con las enseñanzas escritúrales, y expuesta a que sea corregida por ella.
NEGAMOS que se requiera de la Escritura que se acomode a las pre-comprensiones foráneas, inconsecuentes con ella, tales como el naturalismo, el evolucionismo, el cientismo, el humanismo secular, y el relativismo.

ARTICULO XX
AFIRMAMOS que, puesto que Dios es Autor de toda verdad, todas las verdades bíblicas y extrabíblicas son consecuentes y coherentes, y que la Biblia habla verdad cuando se refiere a asuntos relacionados con la naturaleza, la historia, o cualquier otro tema. Afirmamos además que en algunos casos la información extrabíblica tiene valor par aclarar lo que la Escritura enseña, y para provocar la corrección de interpretaciones deficientes.

NEGAMOS que criterios extrabíblicos jamás refuten la enseñanza de la Escritura o tengan prioridad sobra ella.

ARTICULO XXI
AFIRMAROS la armonía entre la revelación especia'' y la revelación general, y por consiguiente la armonía de la enseñanza bíblica con los hechos de la naturaleza.
NEGAMOS que los hechos científicos genuinos, cualesquiera que sean estos, sean inconsecuentes con el significado verdadero de cualquier pasaje de la Escritura.

ARTICULO XXII
AFIRMAOS que Génesis 1 al 11 está basado en hechos concretos, como también lo es el resto del libro del Génesis.
NEGAMOS que las enseñanzas de Génesis 1 al 11 sean mitos, y que las hipótesis científicas acerca de la historia de la tierra o el origen de la humanidad puedan invocarse par desechar lo que la Escritura enseña acerca de la creación.

ARTICULO XXIII
AFIRMAMOS la claridad de la Escritura, específicamente respecto de su mensaje acerca de la salvación del pecado.
NEGAMOS que todos los pasajes de la Escritura sean igualmente claros, o que tengan igual pertinencia en relación con el mensaje de la redención.

ARTICULO XXIV
AFIRMAMOS que una persona no depende de la pericia de los eruditos bíblicos para poder comprender la Escritura.
NEGAMOS que una persona deba despreciar los frutos del estudio técnico de la Escritura realizados por los eruditos bíblicos.

ARTICULO XXV
AFIRMAMOS que el único tipo de predicación que comunica adecuadamente la revelación divina y su aplicación correcta a la vida, es aquella que con fidelidad expone el texto de la Escritura con la palabra de Dios.
NEGAMOS que el predicador tenga cualquier mensaje de Dios aparte del texto de la Escritura.

LA INFALIBILIDAD DE LA BIBLIA

LA INFALIBILIDAD DE LA BIBLIA
(La Declaración y los Artículos a continuación son del Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica porque esta acetrina está siendo cuestionada en algunos círculos de nuestro continente y porque muchos que niegan la inerrancia de la Escritura no manifiestan las consecuencias de su negación en el resto de su creencia y conducta).

UNA DECLARACIÓN CORTA
1. Dios, que en sí es la Verdad y habla sólo la verdad, inspiró la Santa Escritura para revelarse por medio de ella a una humanidad perdida, a través de Jesucristo como Creador y Señor, Redentor y Juez. La Santa Escritura es el testimonio de Dios acerca de si mismo.
2. La Santa Escritura, siendo la misma Palabra de Dios, escrita por hombres preparados e inspirados por su Espíritu, es de infalible autoridad en todos los asuntos que menciona: debe ser creída, como la instrucción de Dios, en todo lo que afirma; obedecida, como el mandamiento de Dios, en todo lo que requiere; abrazada, como la fianza de Dios, en todo lo que promete.
3. El Espíritu Santo, Autor divino de la Escritura, la hace auténtica a nosotros por su testimonio interno, y abre nuestras mentes para entender su significado.
4. Siendo que su contenido y sus palabras vienen de Dios, la Escritura es sin error o falla en todas sus enseñanzas, no tanto en lo que declara acerca de las obras de Dios en la creación, acerca de los eventos de la historia mundial, o acerca de sus propios orígenes literarios bajo Dios, como en su testimonio a la gracia salvadora de Dios en las vidas individuales.
5. La autoridad de la Escritura se disminuye, inevitablemente, si esta total inerrancia divina se limita o se desprecia en cualquier manera, o si la autoridad de la Escritura se relativiza en relación a un concepto de verdad que es contrario a lo que la Biblia sostiene. Traspiés de esta índole acarrean serios daños para el individuo y para la Iglesia.

ARTÍCULOS DE AFIRMACIÓN Y DE NEGACIÓN

ARTICULO 1. AUTORIDAD.
AFIRMAMOS que las Sagradas Escrituras, deben recibirse como la autorizada Palabra de Dios.
NEGAMOS que las Escrituras reciba su autoridad de la Iglesia, de la tradición o de cualquier otra fuente humana.

ARTICULO 2. REGLA SUPREMA
AFIRMAMOS que las Escrituras son la suprema regla escrita a través de la cual Dios ejerce su autoridad sobre la conciencia, y que la autoridad de la Iglesia es menor que la autoridad de la Escritura.
NEGAMOS que los credos de la Iglesia, los concilios o declaraciones de la iglesia tengan autoridad mayor que o igual a la autoridad de la Biblia.

ARTICULO 3. REVELACIÓN
AFIRMAMOS que la Palabra escrita es, en su totalidad, la revelación dada por Dios.
NEGAMOS que la Biblia sea meramente un testigo la revelación, o sólo llegue a ser revelación en un encuentro o que dependa de la respuesta de los hombres para tener validez.

ARTICULO 4. LENGUAJE
AFIRMAMOS que el Dios que hizo a humanidad a su imagen ha usado el lenguaje (palabras) como medio de revelación.
NEGAMOS que el lenguaje humano sea tan limitado por nuestra condición de criaturas que no sirva adecuadamente como vehículo para la revelación divina. Negamos además que la corrupción de la cultura humana y el lenguaje humano, por causa del pecado, haya impedido la obra inspiradora de Dios.

ARTICULO 5. PROGRESIVA V FINAL
AFIRMAMOS que la revelación de en las Santas Escrituras fue progresiva.
NEGAMOS que una revelación posterior que pudiera perfeccionar una revelación anterior, jamás la corrija o la contradiga. Negamos además que una revelación normativa se haya dado después que se terminaron los escritos del Nuevo Testamento.

ARTICULO
AFIRMAMOS que la totalidad de la Escritura en todas sus partes, hasta las mismas palabras empleadas en la escritura original, vinieron por inspiración divina.
NEGAMOS que se pueda afirmar cabalmente la inspiración de toda la Escritura sin afirmar lo mismo de cada una de sus partes, o de alguna de sus partes pero no del todo.

ARTICULO 7. INSPIRACIÓN
AFIRMAMOS que la inspiración fue una obra en la cual Dios, por su Espíritu, y por intermedio de escritores humanos, nos dio su Palabra. El origen de la Escritura es divino. El método de la inspiración divina todavía nos es un misterio.
NEGAMOS que la inspiración pueda reducirse a la percepción humana, o a cualquier clase de estado exaltado del consciente.

ARTICULO 8. AUTORES HUMANOS
AFIRMAMOS que en su obra de inspiración Dios utilizo las distintas personalidades y estilos literarios de los escritores que él había escogido y preparado.
NEGAMOS que Dios, al hacer que esos escritores emplearan las mismas palabras que él escogió, pusiera a un lado sus personalidades.

ARTICULO 9. INERRANTE
AFIRMAMOS que la inspiración, aunque no concediera la omnisciencia, garantizó pronunciamientos verídicos y dignos de confianza, en todos los asuntos en que los autores bíblicos fueron guiados para hablar o escribir.
NEGAMOS que las limitaciones o el estado caído de estos escritores, por necesidad o por otra influencia, introdujeran distorsiones o falsedades en la Palabra de Dios.

ARTICULO 10. TEXTO ORIGINAL
AFIRMAMOS que la inspiración, en si, se refiere solamente al texto original de la Escritura, que en la providencia de Dios puede conocerse con gran certeza utilizando los manuscritos disponibles. Afirmamos además que las copias y traducciones de la Escritura son Palabra de Dios en la medida en que fielmente reflejan el texto original.
NEGAMOS que cualquier elemento esencial de la fe cristiana se afecte por la ausencia de estos textos originales. Negamos además que la ausencia de estos textos haga inválida o irrelevante una declaración de la inerrancia (sin error) bíblica.

ARTICULO 11. DIGNA DE CONFIANZA
AFÍRMANOS que la Escritura, siendo producto de la Inspiración divina, es infalible (sin fallas), así que lejos de descaminarnos, es verídica y digna de confianza en todo cuanto dice.
NEGAMOS la posibilidad de que la sea infalible y a la vez errónea en algunas de sus declaraciones. La infalibilidad (sin faltas) y la inerrancia (sin errores) pueden distinguirse, pero no pueden separarse.

ARTICULO 12. LIBRE DE ENGAÑO
AFIRMAMOS que la Escritura en su totalidad es inerrante, libre de toda falsedad, fraude o engaño.
NEGAMOS que la infalibilidad e inerrancia bíblica se limiten a los temas espirituales, religiosos o redentores, excluyendo las declaraciones que se hagan en los campos de la historia y la ciencia. Negamos además que las hipótesis científicas tocante a la temprana historia de la tierra puedan usarse correctamente para voltear la enseñanza de la Escritura acerca de la creación o el diluvio.

ARTICULO 13: VERDAD
AFIRMAMOS la conveniencia de usar inerrancia como un término teológico con referencia a la completa veracidad de la Escritura.
NEGAMOS que sea correcto evaluar la Escritura según pautas de la verdad o el error, que extrañas al uso o propósito de ella. Negamos además que la inerrancia se niegue por los fenómenos o tales como la carencia de la precisión técnica moderna, irregularidades de gramática o escritura, descripciones de la naturaleza que responden a la observación, el relato de falsedades, el uso de la hipérbole, materia en relatos paralelos o el uso de citas tomadas libremente.

ARTICULO 14. CONSISTENCIA INTERNA.
AFIRMAMOS la unidad y la consistencia interna de la Escritura.
NEGAMOS que supuestos errores y discrepancias que no se hayan resuelto todavía invaliden la reclama de verdad que presenta la Biblia.

ARTICULO 15: TESTIMONIO DEL SEÑOR JESÚS
AFIRMAMOS que la doctrina de la inerrancia está arraigada en la enseñanza de la Biblia acerca de la inspiración.
NEGAMOS que la enseñanza de Jesús acerca de la Escritura pueda descartarse por apelaciones a acomodos, o a limitaciones naturales por causa de su humanidad.

ARTICULO 16. LA IGLESIA
AFIRMAMOS que la doctrina inerrancia ha sido integral de la fe de la Iglesia durante toda su historia.
SEGAMOS que la inerrancia sea una doctrina inventada por el protestantismo escolástico, o que sea una postura tomada en respuesta a la negativa de la 11 amada sita crítica.

ARTÍCULO 17. EL ESPÍRITU SANTO.
AFIRMAMOS que el Espíritu Santo testifica acerca de la Escritura, asegurando a los creyentes de la veracidad de la Palabra de Dios escrita.
NEGAMOS que este testimonio del Espíritu Santo opere aislado de, o en contra de la Escritura.

ARTICULO 18. INTERPRETACIÓN
AFIRMAMOS que el texto de la Escritura debe interpretarse por el uso de la exégesis gramático-histórica, lomando en cuenta sus formas y recursos literarios, y que la Escritura debe interpretar a la Escritura.
NEGAMOS la legitimidad de cualquier trato del texto, o búsqueda de fuentes detrás de él, que conduzca a la relativización, a la des-historización, rebaje su enseñanza, o rechace sus reclamos de autor.

ARTICULO 19. VIDA CRISTIANA.
AFIRMAMOS que una confesión de la plena autoridad, infalibilidad e inerrancia de la Escritura es vital para una comprensión sana de la totalidad de la fe cristiana.
AFIRMAMOS también que tal confesión debe guiar hacia una creciente conformidad a la imagen de Cristo.
NEGAMOS que tal confesión es necesaria para la salvación. Sin embargo negamos que la inerrancia pueda desecharse sin graves consecuencias, tanto para el individuo como para la Iglesia.

lunes, 25 de enero de 2010

Hermenéutica Básica

HERMENÉUTICA BÍBLICA:
La ciencia de los principios que trata de la recta inteligencia, interpretación y comprensión de las Escrituras bíblicas.

DIVISIONES.

LOS PRINCIPIOS GENERALES DE INTERPRETACIÓN. Son Los que encaran el tema global de la interpretación; son de aplicación universal en vez de estar limitados por ciertas consideraciones especiales.
Regla 1:
La Biblia se interpreta a si misma; son las Escrituras que mejor interpretan a las Escrituras.
Regla 2:
Siempre se interpretan las experiencias personales a la luz de las Escrituras y no las Escrituras a la luz de las experiencias personales.
Regla 3:
Los ejemplos bíblicos sólo están imbuidos de autoridad cuando los refuerza un mandato específico.
Regla 4:
La iglesia no ha de determinar lo que enseña la Biblia, sino que la Biblia determinará lo que enseña la iglesia.
Regla 5:
Las promesas de Dios a través de la Biblia son medios para la revelación de la voluntad de Díos a los hombres y están a disposición del Espíritu Santo para los creyentes de todos los tiempos.

LOS PRINCIPIOS GRAMATICALES DE INTERPRRETACIÓN. Son los que tratan del lenguaje usado en el propio texto bíblico; establecen las normas fundamentales para el entendimiento de las palabras y frases en el pasaje que se estudia.
Regla 5:
Las Escrituras sólo tienen un significado y han de ser tomadas en su sentido literal y común, a menos que el contexto demande otra cosa.
Regla 7:
Se interpretan las palabras de acuerdo con su significación usual y ordinario en los tiempos del autor y con el sentido que tenía en mente el autor cuando las escribió.
Regla 8:
Se interpreta cada palabra en relación con el sentido que indica el conjunto de la frase de la que forma parte, y en relación con los pasajes paralelos.
Regla 9:
Se interpreta el pasaje de acuerdo con su contexto, a saber, la conexión o el enlace de los versículos que preceden y siguen al texto que se estudia; aquella parte con que está relacionado el texto y que tiene una correlación que afecta el significado del texto.
Regla 10:
Cuando una palabra o expresión es usada en un sentido diferente del que le corresponde y por consiguiente, no tiene relación con la realidad de lo que se escribe, se acepta como lenguaje figurado; a saber, una cosa se dice bajo la forma o figura de otra cosa.
Regla 11:
Se interpretan las labras de los profetas en su sentido usual, literal e histórico, a menos que el contexto u otra referencia posterior en las Escrituras o el modo en que se cumplieron indiquen claramente que tienen un sentido simbólico o adicional. Es posible que su cumplimiento se verifique por etapas, siendo cada una de ellas fianza de las venideras.

LOS PRINCIPIOS HISTÓRICOS DE INTERPRETACIÓN. Son los que se ocupan del transfondo histórico en el cual se escribieron los libros de la Biblia; abarcan las diversas situaciones políticas, económicas religiosas y culturales.
Regla 12:
Ya que las Escrituras vieron la luz en contextos históricos concretos, sólo podrán entenderse plenamente a la luz de la historia bíblica.
Regla 13:
Aunque la revelación que Dios hace de sí mismo en las Escrituras es progresiva, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son partes esenciales de esta revelación y conforman una unidad orgánica, un mismo libro, y no dos libros separados.
Regla 14:
Los hechos o sucesos históricos se convierten en símbolos de verdades espirituales solamente si las propias Escrituras así lo especifican.

LOS PRINCIPIOS TEOLÓGICOS DE INTERPRETACIÓN. Son los que establecen pautas para la formulación de la doctrina cristiana; contribuyen de manera decisiva a formar el conjunto de creencias bíblicas considerando todo lo que la Biblia dice sobre cada tema en particular.
Regla 15:
Se debe comprender la Biblia gramaticalmente (sintácticamente) antes de poder comprenderla teológicamente; es decir, se debe entender primero lo que dice un pasaje antes de llegar a comprender lo que significa.
Regla 16:
No se puede considerar bíblica una doctrina a menos que resuma e incluya todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el particular.
Regla 17:
Cuando las doctrinas presentadas en la Biblia parecen contradecirse se aceptan ambas como bíblicas, confiando en que han de resolverse finalmente en una unidad superior.
Regla 18:
Se puede considerar que es bíblica una enseñanza que se deriva solamente por implicación cuando otros pasajes comparados o relacionados lo apoyan,

INTRODUCCIÓN
Una de las creencias cristianas básicas es que la Biblia es la Palabra de Dios y nos revela Su voluntad. Puesto que se nos ha dado la Biblia para revelar la verdad divina y no para ocultarla, es la intención de Dios que la comprendamos y nada puede ser de más importancia que conozcamos y apliquemos las Escrituras con confianza.

Hemos de creer y obedecer la Palabra de Díos. Si no estamos dispuestos a aceptar lo que nos dice Dios en Su Palabra o a obedecer lo que Dios nos manda, no debemos esperar comprender cabalmente las revelaciones de la verdad divina en la Biblia. Pero no basta solamente la disposición de creer y obedecer; debemos estar preparados para trabajar diligentemente para poder comprender las Escrituras. Hemos de tener la actitud correcta y también hemos de usar buenos métodos.

Cada uno de nosotros se allega a la Biblia con sus propias presuposiciones. Estas presuposiciones son parte de nuestra teología personal y tienen que ver con nuestra manera de tratar las Escrituras. ¿Consiste la Biblia de proposiciones infalibles? ¿Es la Biblia un registro de definidos actos de Dios? ¿Es la Biblia un documento inspirado? ¿Hay más revelaciones de Dios fuera de la Biblia?) Nuestras presuposiciones van a determinar como manejamos la Palabra de Dios. Nuestra mente no está vacía cuando leemos o escuchamos la Biblia; cómo la entendemos ya es determinado en cierto modo por lo que creemos. Nuestras presuposiciones modelan lo que entendemos y cómo lo comprendemos. Entonces, es importante que determinemos que si nuestras presuposiciones cuadran con la manera en que la Escritura trata de si misma porque reconocemos que esas presuposiciones van a influir nuestra comprensión e interpretación de la Biblia.

Entonces, los métodos que usamos para la interpretación bíblica dependerán de nuestras presuposiciones en cuanto a la naturaleza de la Biblia y estas presuposiciones determinarán en sumo grado cómo interpretamos y comprendemos la Biblia.

Por lo tanto, vamos a estudiar, en primer lugar, nuestras mayores PRESUPOSICIONES tocante a la Biblia y después determinaremos los PRINCIPIOS para la interpretación bíblica demandados por esos principios. Y finalmente, examinaremos las PAUTAS necesarias para poner en práctica los principios.

PRIMERA PRESUPOSICIÓN Y PRIMER PRINCIPIO
EL CONTEXTO ÚNICO DEL AUTOR BÍBLICO. La Biblia es tanto un libro divino (la Palabra de Dios) como un libro humano (la Palabra de Dios a través de los hombres y para los hombres). Dios escogió revelarse a Si mismo y Su voluntad a las gentes en la historia, usando el idioma humano. Nuestra meta en la Interpretación bíblica es la de determinar, con la mayor exactitud posible, lo que los autores bíblicos humanos intentaron que comprendiéramos, creyéramos y obedeciéramos. Pero hay barreras - diferencias en los idiomas y la cultura-entre el autor bíblico y nosotros mismos. Para poder comprender el significado de lo escrito por el autor bíblico es preciso que entendamos el contexto en el cual el autor escribió. Con este procedimiento se pueden vencer las diferencias entre el escritor y nosotros y se hace posible una verdadera comprensión.

La Biblia, entonces, es de Dios a través de los hombres; es una comunicación directa de la voluntad de Dios para con el hombre y se debe entender en el sentido ordinario de lenguaje humano. Así el determinar del significado de lo escrito por el autor bíblico humano llega a ser nuestra meta si queremos entender la Palabra de Dios.

Para lograr esta meta, debemos considerar dos contextos: el contexto histórico y el contexto literario. El contexto histórico abarca a las circunstancias físicas, geográficas, culturales e ideológicas del autor bíblico y las de sus destinatarios, tanto como los acontecimientos históricos. El contexto literario incluye el idioma mismo, el género literario y el contexto inmediato del pasaje que se estudia.

Esta primera presuposición nos lleva al primer principio básico para comprender la Biblia: PUESTO QUE LA BIBLIA ES UN DOCUMENTO CUYA FUENTE ES DIOS MISMO Y QUE FUE ESCRITA POR SERES HUMANOS, HEMOS DE TRATARLA COMO CUALQUIERA OTRA COMUNICACIÓN HUMANA PARA DETERMINAR EL SIGNIFICADO INTENTADO POR EL ESCRITOR BÍBLICO.

SEGUNDO PRESUPOSICIÓN Y SE6UNOO PRINCIPIO
LA VERACIDAD COMPLETA DEL CONTENIDO BÍBLICO: Puesto que Dios es el Autor detrás de los autores humanos - la fuente última de la revelación - la Biblia es completamente verídica en todas sus partes. Entonces, hemos de interpretar la Escritura como enteramente fidedigno y hemos de buscar la unidad de todas sus partes. Esto quiere decir que es preciso que no pervirtamos ni desneguemos una porción de la Escritura porque parece chocar con una teoría científica, con una fuente histórica, o con alguna teoría psicológica o antropológica. Hemos de hacer toda interpretación en base a la suposición que la Biblia es veraz en su mensaje total y en cada porción de la revelación.

Se debe comparar la Escritura con la Escritura y se deben determinar el contexto del autor bíblico y el de sus destinatarios. Puesto que todas partes de la Escritura son verídicas, ya existe la unidad y hemos de buscarla.

Es la responsabilidad del intérprete de la Biblia compilar todo lo que enseña la Biblia sobre un tema en particular y relacionar toda la enseñanza bíblica en un entendimiento comprensivo del cuerpo entero de verdad bíblica. Esto es posible porque Dios es el Autor de la Escritura; por lo tanto toda Escritura es confiable. Por consiguiente, no solamente es legítimo sino también preciso que trabajemos con el fin de encontrar la concordancia entre todas las enseñanzas de la Biblia para poder comprender más completamente la voluntad de Dios.

Esta segunda presuposición nos lleva al segundo principio básico para comprender la Biblia: PUESTO QUE LA BIBLIA ES INSPIRADA POR DIOS, POR CONSIGUIENTE ES VERDADERA EN TODAS SUS PARTES; ENTONCES HEMOS DE BUSCAR LA CONCORDANCIA DE SUS ENSEÑANZAS Y HEMOS DE RECONOCER Y COMPRENDER SUS ELEMENTOS SOBRENATURALES.

TERCERA PRESUPOSICIÓN Y TERCER PRINCIPIO.
LA AUTORIDAD ABSOLUTA DE LA ENSEÑANZA BÍBLICA. Puesto que Dios es el Autor de la Biblia y la Biblia es completamente veraz en todas sus partes y por lo tanto enteramente fidedigna, la Biblia es autoritativa. La Biblia, y solamente la Biblia, es la absoluta autoridad para el pensamiento y comportamiento humanos. Por esto todos los principios y todas las técnicas de estudio para establecer el sentido de un pasaje dado de la Biblia tienen que conformarse a este fundamento de que la Biblia misma es la autoridad final.

Dios se reveló a Si mismo en la Biblia para la salvación humana. Entonces, su propósito es la salvación del hombre. El decir que la salvación del hombre es el propósito de la Escritura quiere decir que la revelación es limitada. La Biblia no se nos da para enseñar todo lo que es posible conocer en cuanto al Dios infinito, o todo lo que es posible conocer tocante su universo. Dios no inspiró a los escritores bíblicos con el fin de proveernos un informe exhaustivo de la historia antigua y ni siquiera para enseñarnos todo lo que es posible conocer sobre la naturaleza del hombre. El usar la Biblia como un libro de texto con respecto a la biología, la psicología o la sociología? es maltratar el propósito de la Escritura y debilitar su autoridad. Pero, lo que la Biblia nos declara, al tratar acerca de estos temas, es completamente verídico y confiable. La Biblia no nos enseña el error.

No obstante, debemos acordarnos siempre que el propósito de la Escritura es el de reconciliar al hombre con Dios y, por medio de esta reconciliación, restaurar al hombre a todo lo que Dios quiere que sea.
En vista de que la Biblia es la revelación autoritativa de la verdad espiritual, la meta inicial de nuestro estudio debe ser la de entender el sentido deseado por el autor bíblico. Si la Biblia ha de tener una autoridad independiente, es el sentido del autor bíblico lo que tiene que ser determinado. Ya que el propósito de la Escritura es nuestra propia salvación, esta salvación nunca se puede realizar a menos que el mensaje de Dios sea entendido y esta es la tarea del intérprete. No obstante, el hecho solamente de entender la Biblia no nos trae la salvación. Tenemos que creer y obedecer el mensaje de la Biblia y esto es la tarea de la aplicación.

Entonces, el propósito de la revelación divina es nuestra salvación. Para que la Biblia sea eficaz en lograr nuestra salvación, el primer paso es el entender el significado intentado por el autor bíblico. El siguiente paso es el aplicar ese significado a nuestro ambiente actual. Solamente así será cumplido el propósito de la divina revelación y será completamente autoritativa la Biblia en nuestras vidas.

Esta tercera presuposición nos lleva al tercer principio básico para comprender la Biblia: PUESTO QUE LA BIBLIA ES INSPIRADA POR DIOS Y VERDADERA EN TODAS SUS PARTES Y, POR LO TANTO, TOTALMENNTE CONFIABLE, EN TODOS LOS MÉTODOS DE INTERPRRETACIÓN Y APLICACIÓN, HEMOS DE RECONOCER SU ABSOLUTA AUTORIDAD FINAL.

CONCLUSIÓN
El fundamento para una hermenéutica auténtica se encuentra en la Escritura misma, puesto que la Biblia es divinamente inspirada por Dios, totalmente verídica en todas sus partes y la absoluta autoridad final para el hombre. Por eso buscaremos las pautas en las propias Escrituras para poner en ejecución estos principios que se fundamentan en la manera en que los escritores bíblicos consideraban las Escrituras para que comprendamos el significado de la Biblia y establézcanos su aplicación para nuestra fe y obediencia.