jueves, 16 de abril de 2009

EL LLAMAMIENTO DEL PASTOR COMO EDUCADOR

No se pretende discutir todo aspecto de su llamado relacionado al cuidado de la iglesia, el rebaño. Mas bien queremos examinar el puesto educativo que está incluido en la invitación que Dios le da a cada uno que sienta esta dirección en la vida. Esto no quiere decir que la responsabilidad de educar y capacitar a la iglesia está en conflicto con la tarea de apacentarla; las dos tareas se complementan.

La tarea de pastorear es más amplia que meramente predicar. El que responde al llamamiento de Dios sólo para predicar, probablemente no sea llamado para pastorear, sino para ser un evangelista. Si no se acepta todo lo relacionado al pastorado, como el Señor Jesús lo practicaba, debe examinar de nuevo el significado de su llamamiento.

Base bíblica del puesto pastor/educador.

El fundamento bíblico principal del pastorado se encuentra en el NT mayormente, aunque hay indicio de ello en el AT también. Los israelitas no tenían tanto el concepto del hombre funcionando como pastor, sino que para ellos Yahvé cumplía ese papel (Sal.23). Cuando el Señor Jesús introdujo la idea de una congregación especial, o sea la iglesia, el obrero principal de ella, el pastor, asumió un nuevo significado. Al examinar las bases en los dos testamentos, podemos comprender más claramente todo los que implica el puesto de pastor/maestro.

Antiguo Testamento.

En el AT los líderes de Israel más similares a un pastor del NT fueron los profetas y los sacerdotes. Los dos puestos aparecieron temprano en la historia de Israel. No hay referencias bíblicas de un llamado especial a los primeros. Melquisedec apareció como sacerdote del Dios Altísimo en Génesis 14:17-20; él recibió los diezmos de Abraham, los cuales fueron ofrecidos a Dios. Así, el primer sacerdote funcionaba como intermediario entre el hombre y Dios.

Más tarde Abraham fue identificado como profeta ante el rey de Gerar, Abimelec (Gn. 20:7). Llegó a ser la voz de Dios entre la gente; recibía el mensaje divino y lo proclamaba al pueblo. Esta era la tarea principal de los profetas; es en este sentido que el pastor también debe recibir el mensaje de Dios y compartirlo con los hombres.

Los dos grupos, sacerdotes y profetas, tenían la responsabilidad de enseñar al pueblo. Dios encargó a los hijos de Aarón, como sacerdotes que enseñaran al pueblo, para que enseñaran “a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les había dicho por medio de Moisés (Lv. 10:11).

A veces, a pesar de haber recibido el mandato de Dios de enseñar, los sacerdotes y profetas se extraviaron y fallaron en su deber. Isaías ha apuntado que “el sacerdote y el profeta erraron con sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron el la visión, tropezaron en el juicio” (Is. 28:7), de tal manera que toda esta casa está llena de vómito y suciedad, hasta no haber lugar limpio (Is. 28:8). Este es un comentario triste en contra de los llamados de Dios que desobedecen continuamente a Dios. Este acontecimiento en la vida de Israel nos indica que los llamados son seres humanos y débiles, y deben vigilar su conducta cada momento de su vida.

Nehemías les llamó la atención a los escogido que se había desviado de los mandatos de Dios y lo que sería el resultado de tal desobediencia. El pueblo todo se encontraba en la esclavitud porque sus líderes tenían por poco las leyes y los mandatos de su Rey (Neh. 9:32-36). Es una vigilancia continua la que los pastores/maestros deben mantener para no caer en el pecado y como consecuencia hacer que toda la congregación sufra.
El sacerdote como educador.

Enseguida se dan algunas referencias bíblicas del AT por las cuales Dios había encomendado a los sacerdotes la tarea de enseñar. El lector está invitado a examinar más minuciosamente cada una.

Por falta de los sacerdotes que les enseñaran, Israel, el reino del norte, se encontraba sin la de Dios y sin su presencia entre ellos (2 Cr. 15:1-3).

Cuando Judá, el reino del sur, necesitaba un avivamiento verdadero, el rey reunió a un grupo de personas idóneas, entre ellas algunos sacerdotes, “y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo (2 Cr. 17:7-9).

La enseñanza de los levitas fue entendida por todos los judíos. El rey Josías reconoció su papel como maestros y los confirmó en el ministerio de la casa de Jehová (2 Cr. 35:1-3).

Algunos de los sacerdotes fueron identificado por nombres en su funcionamiento de instructores del pueblo; Esdras fue uno de ellos. Se había preparado en los mandamientos y estatutos de Jehová para ministrar bien a Israel cuando regresara de la cautividad en Babilonia (Esd. 7:6-11). Él mismo fue el encargado de ayudar en el gobierno del pueblo y de capacitar a sus líderes (Esd. 7:25).

El sacerdote/maestro tenía la obligación de vivir la vida pura y sana, e instruir a la gente “a hacer diferencia entre los santo y lo profano, y les enseñaron a discernir entre lo limpio y lo no limpio (Ez. 44:21-23).

Esto y otros pasajes del AT nos muestran que el pueblo de Israel depende mucho de que los sacerdotes les enseñaran con preceptos, con palabras, y con ejemplos. Para el avivamiento general, para el vivir diario, y para enfrentar circunstancias de la vida, los judíos necesitan que alguien les guiara a la palabra de Dios y se les interpretara para poder agradar y servirle como ciudadanos de su reino. No es necesario decir que el pastor/maestro debe hacer los mismo en nuestros días.

El profeta como educador.

El papel principal de los profetas fue el de recibir el mensaje de Dios y proclamarlo a los hombres. Ellos fueron llamados a enseñar también. Aunque las referencias bíblicas son menos que las de los sacerdotes, sí hay evidencias suficientes de que Jehová les encomendaba la responsabilidad de instruir al igual que proclamar.

Jeremías fue profeta; aceptó también el encargo de enseñar. Cuando todos los oficiales y residentes llegaron a Jeremías, le pidieron que rogara por el mensaje que ellos necesitaban. El les respondió diciendo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra” (Jer. 42:4).

Como los sacerdotes, no todos los profetas cumplían con su deber, por esto Dios se enojaba contra ellos. Aún algunos enseñaron la mentira y fueron descritos como la cola de Israel (Jer. 32:31-33; Is. 28:7-12; 9:14, 15).

Como una continuación indirecta de aquellos ministros, el pastor/educador de hoy tiene grandes responsabilidades delante de Dios y de la iglesia. Es seria la tarea de compartir el mensaje de Dios a las congregaciones por medio de la predicación y la enseñanza. Las iglesias pueden experimentar dificultades y pruebas porque su pastor no está cumpliendo todo el mandato que nuestro Padre celestial le ha dado. Cuando los líderes judíos no ejercieron la voluntad de Jehová en su ministerio, todo el pueblo sufría. Que no sea así en la iglesias de nuestro tiempo.

Nuevo testamento.

Al llegar al NT, se encuentran más bases bíblicas para que el pastor sea educador. Como el Señor Jesucristo es el Pastor de pastores, es necesario considerar Su vida y después usarla como modelo para la vida del pastor de hoy. En su libro “En sus pasos”, Carlos Sheldon desafía a todo creyente a considerar la pregunta “Qué haría Jesús”, antes de realizar cualquier acción o acto. El pastor debe hacer aún más que los otros por la gran responsabilidad que tiene delante de Dios y de su pueblo.

Una de las formas de estudiar y comprender el mensaje bíblico es considerar las palabras que se usan al expresar una idea o una verdad. Los autores de los evangelios escogieron una serie de palabras para describir las proezas del Señor Jesús. Por ejemplo, enseñar en el AT se encuentra 134 veces, y en el NT se encuentra 121 veces. Parece que el Señor Jesús nunca fue llamado predicador, pero fue llamado Maestro por sus discípulos cincuenta y cuatro veces. Los evangelistas hacen referencia al Señor “enseñando” unas cuarenta y siete veces, “predicando”, unas doce veces.

El Señor Jesús comenzó su ministerio “enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt. 4:23). El Señor predicaba, pero la gente lo reconocía más por sus enseñanzas “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mt. 7:29). El pastor no debe hacer algo menos que esto.

Antes de ascender el Señor Jesús dio una comisión a su iglesia para que se cumpliese antes de su segunda venida (Mt. 28:19,20). Si la iglesia debe enseñar , entonces el pastor el pastor debe tomar esta responsabilidad en su manos, debe dar capacitación a la congregación.

El Señor Jesús realmente es el verdadero ejemplo que el pastor necesita. Es suficiente para que el pastor acepte la tarea de educar como parte integral de su trabajo. Pero no debe descuidar la predicación, pues predicar y enseñar es prioritario en la iglesia.

Los pastores del primer siglo fueron conocidos también como obispos. En los requisitos para este puesto se incluye “aptos para enseñar” (1 Ti. 3:2; cf. Tit. 1:9; Ef. 4:11).

Pablo encargaba a Timoteo enseñar a hombres fieles para que fueran “idóneos para enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Sin quitarle ninguna cosa a la tarea de la buenas nuevas de salvación de nuestro Señor Jesucristo, enfatizamos que los pastores son responsables de la educación cristiana de la iglesia. Que Dios nos ayude a los pastores a cumplir este hermoso deber.

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